Fuente :Cass Chin, "Scared face", 24 de enero de 2010. Flickr

Siglo XXI, temor y temblor.

Eres el único hijo de tu padre caminando el sendero más largo junto a él. Los dos muy tranquilos, ríen, comparten, y en silencio continúan con la excursión hacia la cima.  Abruptamente, sientes el hierro de un cuchillo empuñado por quien caminó contigo apoyado sobre tu cuello. ¿En quién creer? Tu progenitor, a quien considerabas tu héroe está a punto de dar en sacrificio a lo que más ama, y lo que espera es que tu fe se desprenda de él y creas en Dios y su voluntad. Eso pasó con Abraham e Isaac según la biblia. Hoy, es probable que lo consideremos siniestro y nos llene de temor. Pero desde el lado de la fe, tu padre se siente incomprendido.

Para la ética, el presente escenario es sencillo, es un asesinato, pero para la fe, es paradójico, es imposible, es un absurdo. Por el simple hecho de que el crimen es agradable a Dios, logra la aprobación del mismo y evita la consumación del sacrificio.  En definitiva, no se puede explicar el capricho de un dios vanidoso por ningún razonamiento. Pero es necesario que la razón engatille su existencia, que sea reactiva, no reflexiva.

Abraham nos invita a creer en lo absurdo, a despojarnos de todo lo que amamos, a abandonarlo, con la esperanza de que nos sea devuelto. Es nuestro deber.Es un camino solitario y duramente juzgado, pues la sociedad te etiqueta de loco, ambivalente, enfermo.

Ser un caballero de la fe, llegar al límite, al punto de no retorno, vivir esa pasión es una virtud de lo absurdo. Así, el todopoderoso entregó a su único hijo en sacrificio, y permitió su muerte en crucifixión para la salvación de la humanidad; al igual que Abraham quien dió a su hijo en sacrificio y fue salvado para convertirse, de esa forma, en el padre del pueblo judío.

La sociedad representa al padre, y el líder máximo que surge de esta es el hijo. La sociedad como tal, es ambivalente. Cuando uno de sus integrantes se entrega en sacrificio es reconocido. Todo en honor de lo absurdo, despojándose de lo más valorado por el hombre, la libertad.

Sorem Kierkegaard, describe estas reflexiones en su obra Temor y Temblor como reacción a lo vivido por él en el plano sentimental con Rehina, su mujer, de quien más tarde se separaría. Influido por el luteranismo absolutista y totalitario de la época, presenta dualidades que se ajustan adecuadamente a lo que vivimos en la actualidad: el dogmatismo y la ética, la fe y la razón. Kierkegaard nos plantea una invitación para escoger una de ellas, y descubrir la manera de cómo de diferentes maneras y en diferentes escenarios, estas interactúan entre sí.