La sociedad idiota II: ¡No, él idiota eres tú!

El anti-intelectualismo ha sido un tema que ha serpenteado constantemente a través de nuestra vida política y cultural, alimentado por la falsa noción de que democracia significa “mi ignorancia es tan buena como tus conocimientos”. Isaac Asimov

En el año 1995, en la ciudad de Pittsburgh, McArthur Wheeler decidió robar un banco a plena luz del día. Por supuesto, la policía no tardó en reconocer al hombre en las cámaras de seguridad ya que cometió el atraco sin ninguna herramienta para proteger su identidad. Una vez detenido,  Wheeler se encontró tristemente sorprendido, no entendía cómo pudo haber sido detectado por las cámaras de seguridad cuando se había puesto juguito de limón en el rostro.

Nuestro patético ladrón conocía que se podía usar el jugo de limón como tinta invisible  que luego revela su contenido al ser expuesta a una fuente térmica. Negligentemente pensó que aplicando el jugo en su cara podría hacer uso de esas propiedades, es más, había tomado una selfie con una cámara polaroid en donde no aparecía (por defectos de enfoque) y comprobaba el funcionamiento del jugo de limón.

Este surreal relato llegó a los oídos de los psicólogos David Dunnig y Justin Kruger en la Universidad de Cornell quienes nombraron a la incompetencia de ver lo incompetentes que somos como “el efecto Duning – Kruger”. Este par de investigadores realizaron una serie de experimentos para comprobar dicha hipótesis, entre ellos pedir la opinión de ciertos temas, uno de los cuales ellos acababan de inventarse y obviamente no existían. El resultado: la gente comentaba de dicho tema y aseguraba tener cierto conocimiento del mismo aún cuando el mismo era inexistente

Pero ese no es un evento aislado en nuestro desventurado McArthur, ni tampoco de la gente que participó en el experimento, la verdad es que a todos nos pasa. Todos los días, somos negligentes al estimar la grandeza de nuestra estupidez. Siempre sobre estimamos nuestra habilidad, nuestro conocimiento, y lo que es peor desconocemos las habilidades y el conocimiento de los demás. Lamentablemente nadie acepta, a la primera, que es idiota y cuando lo hace muchas veces es porque ya existen consecuencias.

La mayor parte de esta estupidez es inofensiva. Nadie sale lastimado mientras se insulta al director técnico de la selección, es decir, basta ir a un bar durante el partido de la selección de fútbol para ver la cantidad de expertos que podrían hacer un mejor trabajo, por supuesto nadie tiene experiencia comprobable, ni la formación que sí tiene el director técnico. Pero muchas veces un idiota con iniciativa se vuelve una combinación trágica tanto a corto, como a largo plazo.

Como médico, puedo dar testimonio de la cantidad de veces que personas han terminado en urgencias debido a su negligente iniciativa en donde los electricistas, mecánicos o albañiles empíricos no han sabido evaluar la limitación de su conocimiento y habilidades al momento de realizar alguna tarea y han terminado con la pérdida de dedos, extremidades, o hasta la vida.

En consulta externa también sucede lo mismo, aunque es mucho menos dramático. Nunca falta el paciente que previamente ha consultado a la vecina, al naturista, al curandero, al cuy o simplemente ha hecho uso del dr google, y viene con diagnóstico errado a exigir el tratamiento. Uno usualmente tras una buena anamnesis y exploración física descarta esos diagnósticos, explica al paciente su verdadero padecimiento y el tratamiento a seguir. Muchos, heridos tras desechar el diagnóstico previo se vuelven renuentes y terminan abandonando la consulta de manera hostil como diciendo: ¡No, él idiota eres tú!