Fuente :Jose Manuel Carrillo - aLoNNe'09

Hogar

“Hogar”, no tenía la más mínima idea de lo que significaba, sin embargo, cuando escuchaba esa palabra le venía a la mente la imagen de una casa. Una casita más bien; una como las que se dibujan en el kínder,  hecha a mano alzada y con el techito rojo.

Entonces recordó las diferentes casas en las que había habitado, tres para ser exactos. La primera, de la que apenas tenía recuerdos, un gran edificio negro con ese portón metálico negro que sollozaba cuando se cerraba. La casa negra le decían sus padres, y así se quedó en su memoria, como una sombra con ausencia de detalles.

La segunda casa la recordaba con claridad. En ella había pasado la mayor parte de su vida. Una casa amplia, con dos jardines donde los frutales plantados siempre premiaban la espera; tan amplia que los tres habitantes (la madre y sus dos hijos) tuvieron que aceptar como inquilinos a esas almas errantes que siempre llegan cuando el espacio es demasiado grande. Pero ni los árboles, ni los mal deseados inquilinos eran lo que más recordaba de esa casa. ¡Las llaves! Las llaves y los palitos para “atrancar” las ventanas eran las imágenes más claras de aquel lugar. ¿Cómo olvidar la rutina nocturna que durante tanto tiempo cumplía al pie de la letra?. Verificar que todas las puertas se encuentren cerradas y atrancar con palitos, cuidadosamente cortados a la medida, las ventanas corredizas para prevenir visitas incómodas. -Hay que tenerles miedo a los vivos y no a los muertos- decía mamá.

La tercera casa no era una casa, era más bien un departamento. Se había visto obligado a migrar a una ciudad extraña en busca de educación, de oportunidades; sin embargo ahora mismo carecía de las mismas y su economía solo le permitía acceder a un pequeño piso en un edificio viejo, cosa que tenía mucha importancia, pues casi no pasaba  ahí. Por esa razón el polvo y la entropía encontraban en aquel sitio el lugar perfecto para realizar sus travesuras. Sin embargo había conservado algo de su anterior habitáculo. Un ritual similar se llevaba a cabo todas las noches. Cuando el sol se ocultaba, cinco candados y una cadena eran colocados en la ridícula puerta de hierro de 2×1.5m que descansaba en el ingreso del domicilio.

Sí, ahora ya tenía una idea de lo que “hogar significaba”. Hogar es el lugar donde te encierras voluntariamente para sentirte seguro.