El Dogma Social: Parte 6

Como construcción social, hemos tomado la bandera de la libertad y la blandimos como bomba nuclear. Se ha intentado hacer de la libertad el nuevo santo grial, la nueva piedra angular de todo en lo que se basa las normas sociales. Tenemos las plataformas para hacerlo de forma masiva. Esta forma de ver la libertad básicamente ha eliminado dos antiguos y ahora obsoletos conceptos en el colectivo social: la ética y la moral, esas dos palabras que son perfectas para confundir y que a veces son imposibles de delimitar. En cualquier circunstancia en la que la filosofía se daba espacio, se tenía que hablar de estas dos palabras.

¿Cuál ha sido la consecuencia de la libertad excesiva? Es simple. La forma en la que hemos implementado la libertad en la evolución de la sociedad ha provocado que esos límites y líneas de conducta que normaba en tiempos pasados se borren. No es completamente negativo; ahora se insiste en llegar a ser una sociedad más inclusiva, que la visión primitiva oprimía. Pero como es característica del humano llevar todo a los extremos, es algo que nacemos sabiendo hacer, algo que ejercitamos y morimos haciendo. Por eso el concepto de libertad pasó de ser una noción de cómo vivir sin irrespetar al entorno, a ser una excusa para vivir sin reglas ni límites.

Es tan simple como que la vida que vivimos es ambigua. No hay reglas claras de nada. Como sociedad, el colectivo se empeña en borrar las arcaicas convenciones, lo está haciendo con una ametralladora y dinamita; no queda absolutamente nada. Por eso los conceptos de ¨bien¨ o ¨mal¨ pasaron a ser dicotomías dictadas por reglas preestablecidas por un colectivo. La razón por la cual es coherente decir que esta transfiguración de la sociedad aniquiló la individualidad, el uso de la razón, y el sentido común con la misma ametralladora con la que obliteró lo que no servía. Parece ser un efecto colateral, pero es fácil también saber que es lo que falta. Junto a la moral, la capacidad del individuo para regirse a principios establecidos por la experiencia y el raciocinio han quedado de lado, eliminados por conductas colectivistas. Entonces, el concepto del bien y el mal de los días que transcurren es una amalgama de todo y nada, de lo que es y lo que no es.