El Dogma Social: Parte 5

La maquinaria del colectivo social es como una aplanadora. Las convenciones actuales dictan tendencias de rápida adaptación, evolución y desecho. Cuando se le da a alguna cosa la relevancia para ser elevada a merecedora de la atención del colectivo, este se esfuerza para adaptarse a lo que rige, se apresura a evolucionar; a darle un toque precario de individualidad (precario porque lo ¨individual¨ ya no existe), y finalmente, se deja llevar por lo nuevo, dejando a esta cosa que era nueva, obsoleta. La nueva era de la comunicación le dio al ser humano dos herramientas (el pico y la pala del nuevo milenio):

  1. Una forma de comunicación masiva
  2. Una opinión.

Muchos aforismos tratan de hablar de las opiniones; algunos la metaforizan como algo que todo el mundo tiene pero no todo el mundo puede usar.

Cuando hoy por hoy se habla de ¨opinión¨, se pisa sobre terreno extremadamente frágil. Maldito el que opina sobre las opiniones porque en este mundo se es libre de decir lo que sea, sin tener mucha deferencia sobre el lugar de donde se gesta lo que se dice. Y vivimos en días que nos ven hablando más con otros apéndices que con el que nos permite pensar. Y es que si, la individualidad ya no existe. ¿Cómo se puede tener una opinión propia sin estar contaminada por la toxicidad de la convención de la construcción social? Que difícil es identificar si sobra algo del ser humano en la arrolladora maquinaria del colectivo social. Que difícil es identificar si queda alguna voluntad o algún corazón en esa pulpa sanguinolenta a la que ha sido reducida la individualidad, con signos de muerte inminente.

En resumen, revise su red social favorita. La generación del ¨empoderamiento¨ está en pleno auge y todos y cada uno de los participantes de estas enmarañadas redes es amo y señor del conocimiento. Pasó de ser una curiosidad, a una necesidad con morbo incluido. Se dirá que el ser humano es un ser social por naturaleza, pero ¿qué clase de sociedad cibernética ha creado? Una en la que todo se sabe porque ¨ahí¨ dice; una en lo que todo se sabe de todos, porque así lo quieren todos. Una en la que para poder funcionar, depende del continuo flujo de información de la vida de los demás, como una mosca en la pared que vive de lo que ve. Antes el ostracismo podía verse como irse a vivir en una montaña… ¿Hoy? Apague el celular. Es el equivalente del siglo XXI de vivir en el cráter de un volcán.