Fuente :Playboy, fotografía de 2010. Dominio público, WikimediaCommons.

El Dogma Social: Parte 3

La ambición y el ser humano son 2 cosas que nacieron juntas. Es por eso que la sociedad se encuentra tan pervertida; ambas son paridas de la misma fuente, pero la ambición engulle al humano, lo emociona, lo embrutece y cuando ya es adicto, lo consume y lo postra de peor forma que la muerte.  Porque en ese estado, cuando la ambición es mucho más fuerte que la suma de todo el espíritu, al humano no le importa quitarle al que no tiene o pisar al ya atropellado para tener más. No importa qué, importa cuánto. Esta reflexión es necesaria para llegar a cierto punto, un punto que el colectivo ha malinterpretado, volviendo imposible reconocer al original detrás de tanta capa de porquería.

Ese punto es el éxito. Mientras lee esto, acuérdese de esos poemas que dejó medio escritos, esas canciones que dejó medio tocadas, esa pelota que dejó botada o ese artículo que dejó medio acabado, porque sus mayores le dijeron que eso no le iba a dar de comer, o tal vez por eso iba a tener que sufrir el oprobio de tener el dinero justo para vivir.  Antes se decía de forma más prudente, había que tratar de ser alguien en la vida, había que trabajar para vivir de una forma decente. Pero incluso esos dos preceptos se han desviado de forma repugnante. Ser alguien en la vida, en esta vida actual, es tener lo suficiente como para que el resto del colectivo lo vea como “alguien”. El que no tiene no es, al parecer. Puede sonar radical, pero si escucha en algún lado, a algún sujeto que dice que vive con el placer de hacer lo que lo llena aunque lo que hace no lo llena de dinero… ¡Qué loco!

Y que decir lo de vivir de forma decente. El consumismo pasó de ser una novedad, a ser una curiosidad, a ser reprochable y ahora, como lo que al ser humano le gusta es la ironía, el consumismo no solo es necesario, sino que se lo tiene como pilar para sostener a algunos millares de personas pobres. Antes lo decente era tener lo suficiente para garantizar una calidad de vida adecuada, ahora lo decente es participar en la carrera de tener lo último y lo mejor. Y todo esto puede ser condensado en la transfiguración de la palabra éxito. Hasta se ha implementado una escala para el éxito, una fórmula matemática. Simplemente fíjese cuantos ceros tiene su cuenta bancaria, y probablemente su sonrisa y realización sea proporcional a la cantidad. El colectivo tiene implantada la idea de lo social tan profundamente, que cuesta entender donde cae el límite entre lo que el individuo considera éxito y lo que el colectivo califica de éxito. Si cada vez aumenta la tasa de personas que se dedican a tareas que detestan, cabe cuestionarse si tal vez esto tiene tal vez algo que ver con el proporcional número de suicidios en las grandes sociedades. ¿Quién sabe? Tal vez…