Ingenuos y felices
¿Cómo desandar un camino sin que se pierda lo andado, sin que cambie la dirección de lo caminado?.
By Jonathan Guerrón Salazar Posted in Poesía, z1 on Agosto 20, 2018 0 Comments

¿Cómo desandar un camino sin que se pierda lo andado, sin que cambie la dirección de lo caminado?.

¿Cómo desdibujar las líneas de un rostro, el garabato de una palabra que nombra el pasado pero persiste intacta en el presente, que se mira y se reconoce simplemente porque estamos ahí?.

¿Cómo evitar cerrar los ojos y perderse en el camino, en el rostro, en la palabra, respirar y olvidarnos del tiempo?, sintiendo como el aire llena nuestros pulmones y como el corazón se agita de melancolía para volver a ese garabato, como si quisiéramos tomar con la punta de los dedos su final y despegarlo con cuidado, desarmandolo sin que se rompa ni pierda el sentido, sin que manche nada, empeñados en dejar la hoja en blanco para que vuelva a ser desafío e invitación para escribir en ella una fiesta llena de futuro y felicidad.

¿Cómo olvidar todo lo que sabemos del tiempo y del espacio?, ¿cómo intuir todo lo que ignoramos de las demás dimensiones?.

¿Cómo transgredir las direcciones impuestas por un Dios aburrido e inventarnos otra forma de compartir el pasado que no sea la memoria?, ese lugar desconocido que a veces se pierde y a veces vuelve, como un viento repentino.

Es inútil, todo intento de pausa es inútil.

En las tardes de lluvia tu rostro es el que vuelve, tu nombre es la palabra, y tu cuerpo el camino, el viaje hacia el pasado.

Vos, una Diosa delirada que rebota en mí, perdida, entregada, fugada de todo, una niña ciega que toma la mano de quien cree la conducirá a su destino verdadero, un fosforito que ya no puede dejar de encenderse. Que grandiosa y apasionadamente confundidos estábamos cada tarde en tu cama de hada madrina, que ingenuos, estúpidos y felices fuimos al creer por un segundo que nosotros podríamos ser la eternidad del sentimiento y que bastaba con nuestra fe. Pero todo lo que no tiene sentido se hace porque sí, se celebra con pan y vino, tiene el sabor salado de la transpiración que recorre la piel de quien carga la cruz, tiene el dolor soberano de la corona de espinas, y la oscura muerte a la hora precisa en el lugar de la calavera.

Tiene la eternidad prometida de consuelo, y la esperanza de salvación de los hermanos como recompensa.



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