Fuente :Fuente: Guxior, Cesia, http://bit.ly/2hthsiQ

… blanco…

Autor: Carlos Puga

El blanco nunca fue mi color favorito, lo que hace aún más insoportable mi obligada estadía, mi obligada soledad.

Sargento Rusel, señor Frank en mi familia, Frankie para mis amigos. A los nueve años en mi patio trasero casi me reviento los pies simulando un cohete con petardos y un tanque de metal vacío. “Flotar en el espacio es mi sueño” le decía a mi mamá mientras corríamos al hospital, ella lloraba sin consuelo; quizá por eso este maldito Dios me castiga con mi propia lengua.

Si pudiese quitarme el zapato les mostraría el pedazo de tobillo que me falta desde ese día. Cualquier niño habría entendido la lección, habría cambiado de sueño, pero yo era muy terco, en realidad lo sigo siendo. Así empezó un viaje de 32 años de preparación. Empecé físicamente, preparando mi cuerpo desde niño como el más fino atleta, debía comenzar por mi discapacidad, la cojera de mi pie derecho al quedar sin talón no debía detener mi sueño.

A los 11 años, trabajé en todo lo que pude para entrar en el campamento de la NASA. Era un paso más a mi sueño y al mismo tiempo, la primera vez que me sentí decepcionado de mí mismo. Habían pasado algunas semanas, mi rendimiento en la pruebas físicas era impresionante pero en mis conocimientos… El Coronel Aldrin me dijo: -No hay campañas espaciales para enviar burros, ni los rusos malgastan su tiempo en eso-.

Así que empecé a nutrir no solo mis músculos, sino mi mente. Estudié durante los siguientes años de mi vida matemáticas, física cuántica, química, ingeniería aeroespacial, sin descuidar mi salud y mi fortaleza física. Todo ¿para qué?. Para un final tan triste y aburrido. Para terminar flotando en la nada. Conociendo este destino habría estudiado algo de filosofía o literatura, así al menos mis pensamientos serían más interesantes.

¡Pero no! Ahora floto en medio del espacio, abandonado en medio de la nada. La tripulación que haría historia como el Apolo 13, ahora quedará en archivos de la NASA como la que estalló en el espacio por problemas en los motores. Si tan solo pudiera comunicarme con ellos les contaría del panorama desolador que estoy viendo en estos momentos; mi cuerpo ha flotado ya lejos de los escombros. Aún diviso los cuerpos de mis compañeros, están muertos los malditos suertudos.

Me preparo para morir. En esta situación, aún contando con mi propia orina, no podré aguantar más que unos días hasta que llegue la sed. ¿Y el hambre?, el auto canibalismo no es una opción en este traje. ¿Mi futuro?. La inanición. ¿Mi presente?. La desesperación.

Parece que he desgarrado mis cuerdas vocales de tanto gritar, ya no sale sonido alguno de mi garganta, solo queda mi mente para conversar, pero no puedo distraerme o concentrarme en otra cosa que en mi traje blanco.

Blanco…

¡Blanco!…

Cada hora, cada minuto, cada segundo, solo pienso cuanto me disgusta el color blanco. Atrapado en mi prisión blanca. Mis ojos fallan y convierten el inmenso negro que me rodea en blanco. Mis manos ya no se mueven están atoradas en mi espalda. ¡Blanco! No me gusta su quietud. No me gusta su sensación, no es vacío ni llenura, es indecisión. Un color que es todos pero no es ninguno. El reflejo perfecto de luz en las córneas humanas, el reflejo perfecto de locura en las mentes taradas, el reflejo perfecto de mí en el mundo, el reflej….

Siento arcadas, mi boca llena. ¿Qué es esta mierda?. ¿Dónde estoy?. ¿Ya no es el mismo blanco?.

Recuerdo… algo…

-Señor Vega, otra vez me hará lo mismo. Debe comer todo, así que trague. No puede tomar sus pastillas con la panza vacía-.

Ella es Verónica Ortiz, recuerdo poco, pero sé que es de confianza. Ella me escucha cada vez que despierto y vuelvo a ser yo.

-Esta vez era un gringo- le dije -de esos que viajan por las estrellas, perdiendo el tiempo flotando en el espacio, pensando que encontrarán algo más que vacío y soledad-.

-¿Alguna vez soñaste con ser algo más que una simple enfermera?- le pregunté mientras tragaba las grandes cucharadas de papilla. Su mirada entristeció mientras sus ojos parecían buscar algo en el aire. Quizá buscaban ese sueño perdido que recordó con mi pregunta.

-Ay loquito, mejor come y no preguntes que fría ya no te gusta la comida-.

Loquito, loquito, loco, demente, dañado… Solo de ella, solo de sus labios me gusta como suenan esas palabras, todos los demás lo hacen con desprecio, juzgándome, es terrible, pero en ella siento un dejo de cariño.

Empieza la rutina que rompe con todas las rutinas, las pastillas han tomado efecto, dormiré hasta la comida de mañana ¿Quién sabe qué pasará ahora? ¿Quién sabe que seré?.